Basílica de Santa María a Maior
La levantaron los mareantes en el siglo XVI con el dinero de la pesca. Su fachada-retablo plateresca es de las mejores de Galicia.

Santa María a Maior no la pagó un obispo ni un noble: la pagó el gremio de mareantes, los hombres del mar que hicieron rica a Pontevedra cuando la villa vivía de la sardina y de construir barcos. Ese origen se nota en cada detalle.
La fachada occidental es una fachada-retablo plateresca, tallada como si fuera un altar puesto de pie a la intemperie. Entre las escenas aparecen los propios donantes y referencias a su oficio. Dentro, las bóvedas de crucería góticas sostienen un espacio sorprendentemente alto y luminoso.
Se dice que de estos astilleros salió la madera de la Santa María, la nao capitana de Colón, y que su maestre, Juan de la Cosa, era pontevedrés. La tradición es discutida por los historiadores, pero explica bien el orgullo marinero de la villa.
Cómo verla
Está en el borde oeste del casco antiguo, sobre el desnivel que baja hacia el río. Desde el atrio, al atardecer, se abre una de las mejores vistas de la ciudad.





