La decadencia: siglos XVII y XVIII
La ría se cegó, la sardina se fue y los puertos vecinos crecieron. Pontevedra tardó dos siglos en levantarse.

Lo que sube, baja. Entre el siglo XVII y buena parte del XVIII Pontevedra pierde población, pierde peso y pierde el negocio que la había hecho grande.
Se cierra el puerto
El problema de fondo es físico: el fondo de la ría se va colmatando. Los sedimentos que arrastra el Lérez y los rellenos van dejando el puerto cada vez menos practicable para barcos de calado. Una villa que vive del mar y a la que el mar se le retira tiene un problema difícil de arreglar.
Mientras tanto, otros puertos de la misma ría y de las vecinas —Marín, y más al sur Vigo— tienen mejores condiciones y van absorbiendo el tráfico. El eje económico de las Rías Baixas empieza a desplazarse hacia el sur, y ya no volverá.
Lo demás
A eso se le suman las crisis de sardina, que en esos siglos son recurrentes y hunden campañas enteras, y las epidemias, que en villas portuarias hacen un daño desproporcionado.
La villa se encoge. Los gremios pierden fuerza. Las grandes obras se paran. Pontevedra se convierte en una población de tamaño medio, con un patrimonio construido muy por encima de lo que su economía de entonces justificaba.
Lo que salvó eso
Paradójicamente, la decadencia conservó la ciudad. No hubo dinero para derribar y rehacer, y el plano medieval y buena parte de sus edificios llegaron intactos al siglo XIX. El casco histórico que hoy es el mayor activo de la ciudad se conservó, en buena medida, porque durante doscientos años no hubo con qué tocarlo.





