La villa medieval y las murallas
Del burgo junto al puente a villa amurallada, creciendo con la pesca y con los peregrinos.

La Pontevedra medieval nace pegada al puente. El burgo —de ahí el nombre del Ponte do Burgo— crece en la orilla sur, y en el siglo XII ya es un núcleo con entidad propia bajo señorío del arzobispo de Santiago.
La muralla
Entre los siglos XIII y XV la villa se rodea de muralla. No era un adorno: era la frontera fiscal y jurídica de la villa, y marcaba quién estaba dentro. Tenía media docena larga de puertas, y varias han dejado su nombre en el callejero actual.
De aquel recinto quedan hoy tramos sueltos, incrustados en construcciones posteriores. La trama urbana que encierra, en cambio, ha llegado casi entera: el casco histórico de hoy es el plano medieval.
Vivir de la ría y del camino
Dos cosas hacen crecer la villa. La primera es la pesca, sobre todo la sardina, y todo lo que arrastra: salazón, tonelería, construcción naval, comercio. La segunda es el Camiño Portugués: los peregrinos que suben hacia Santiago cruzan por el puente y atraviesan la villa, y donde pasa gente hay posadas, hospitales y oficios.
En ese ambiente aparecen los gremios, que en Pontevedra van a tener una importancia que en pocos sitios: no eran sólo asociaciones de oficio, acabaron siendo poder. El de los mareantes construiría, ya en el XVI, la basílica de Santa María.
También se instalan las órdenes religiosas. Los dominicos levantan su convento en el siglo XIV, del que hoy quedan a cielo abierto las Ruínas de Santo Domingo.





